Introducción: puntos de vistas diferentes sobre la IA
Y, en cierto modo, la inteligencia artificial democratiza el arte. Personas que no tienen habilidad, o que por una discapacidad no pueden crear lo que imaginan, ahora pueden hacerlo incluso a través de un audio. Y si no puedes hablar, la IA abre aún más posibilidades que hacen la creación mucho más accesible.
Sin duda, hay aspectos positivos. Pero quizá estemos dejando de lado algo… y es precisamente la razón por la que la figura del creativo no puede desaparecer, incluso con la existencia de la inteligencia artificial.
En este artículo quiero ir más allá de las lecturas habituales sobre la IA, para profundizar en otra perspectiva que el avance tecnológico tiende a volver invisible a primera vista.
Porque si bien la tecnología amplía posibilidades y mejora la calidad de vida, también nos lleva a normalizar, y luego exigir, la comodidadY la comodidad no siempre es tan inofensiva para el ser humano como parece.

una comodidad incómoda
Si hay algo que solemos atribuir a la tecnología, es la velocidad: gracias a los inventos de los últimos siglos, el ritmo de vida ha cambiado por completo y se ha vuelto rapidísimo. Esto nos permite una gran productividad y la posibilidad de obtener todo lo que queremos en seguida. Pero…
Ya no estamos acostumbrados
a esperar.

Damos por hecho que, si enviamos un mensaje, la otra persona nos responderá en cuestión de segundos, como mucho en unos minutos. ¿Y qué decir de lo cómodo que es pedir tu plato favorito, ese que nunca te apetece cocinar? Te llega a casa, no tienes que cocinar y además te ahorras lavar los platos y recoger la cocina…
Un sistema que te empuja a correr, pero al mismo tiempo a no hacer nada. Y, sin embargo, ni siquiera somos capaces de no hacer nada: necesitamos una distracción a la que el teléfono responde con una facilidad increíble.
De hecho, aunque aparentemente disponemos de una inmensa cantidad de fuentes de inspiración, al final se convierte en una trampa del tiempo, en la que pasamos horas “buscando inspiración” para luego darnos cuenta de que ya no tenemos tiempo libre o de que, al final, ya existe todo. Hay tanta información disponible en todo momento que nuestro cerebro acaba sobrecargado y, debido a la saturación de estímulos, pierde las ganas, la energía y el tiempo de hacer cualquier cosa fuera de la rutina laboral.
Además, a un nivel más profundo y quizá más sutil, la IA puede generar inseguridad o una falta de sentido autocrítico, ya que tiende a confirmar la visión propuesta por el usuario y a sustituir la toma de responsabilidad ante una decisión: “no sé, pregunto a la IA”. Así, acaba rompiendo poco a poco la conexión con nuestro “yo” interior.
La necesidad siempre más actual del arte y del artista
A diferencia de la sociedad contemporánea y de la carrera constante contra el tiempo, el arte es un trabajo a contracorriente: el pensamiento y la creación necesitan tiempo, observación y silencio.
Quizás esta conciencia se ha perdido con el tiempo, pero debemos recordar que desde el inicio de la prehistoria, el arte ha acompañado a la humanidad, naciendo precisamente de la necesidad de expresarse a través de la pintura rupestre.
Y el arte nos enseña precisamente a afrontar la incomodidad del silencio, porque es ahí donde nace la creación.
Además, hoy sabemos que crear, dibujar, pintar, así como cualquier disciplina artística, significan mucho más cuando afrontamos la incomodidad del silencio:
- Crear requiere valentía: hay que lanzarse, y a veces parece casi saltar al vacío.
- Crear nos enseña a estar con nuestras emociones, a aceptar que existen.
- Nos enseña a escuchar las emociones, a las personas y al entorno que nos rodea.
- Luego nos permite canalizar esas emociones.
- Crear nos enseña paciencia: la creación profunda necesita tiempo.
- Nos enseña a cuidar el proceso; así también aprendemos a cuidar del otro y del entorno que nos rodea, nos enseña la delicadeza.
- Por último, crear nos permite Ser, es decir, existir como persona y no solo como herramienta productiva.
La inteligencia artificial al servicio del arte, ¿Es posible?
Nos preocupa mucho que la IA se utilice para crear imágenes, imágenes que, para ojos inexpertos, se aceptan como “bellas” y válidas. Teniendo que enfrentar yo misma esta realidad como artista contemporánea, me he preguntado: ¿y si hiciéramos lo contrario? Es decir, en lugar de usar la inteligencia artificial para “crear” arte, ¿y si la usáramos no para sustituir el arte, sino para apoyarlo?
¿Es posible utilizar la inteligencia artificial al servicio del arte? De esta pregunta nace una investigación creativa como Arte SyamHope, que me ha llevado a investigar si es posible transformar la propia operación:
Así que realicé un experimento: partiendo de obras y estudios originales de Arte SyamHope, realizados con técnicas tradicionales, pedí a la IA que creara para mí modelos humanos que representaran mis obras.
de IA = ARTE a ARTE > IA
Es decir, invertí los pasos, utilizando el arte como herramienta para imaginar y la IA como herramienta para copiar la nueva realidad que yo había creado (las pinturas).
De este modo, se demuestra una nueva función del arte, que se libera de la función de copiar, vinculada sobre todo a la tradición clásica como instrumento de narración de hechos reales e históricos, para volver a su función original de expresión individual y social.

Después de esta investigación he llegado a la siguiente conclusión:
Por un lado, manteniendo el arte vinculado a la idea de la creación como momento de copia de la realidad, a la producción en serie y comercial, no podemos escapar a la posibilidad de que efectivamente la inteligencia artificial pueda convertirse en una herramienta que la sustituya.
En cambio, por otro lado, al cambiar la visión del arte y adoptarlo como herramienta de expresión, se libera el arte para que pueda desempeñar una función social que la tecnología no puede sustituir.

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Este artículo me ha hecho reflexionar mucho. En una época en la que todo parece tener que ser rápido, inmediato y productivo, recordar que la creación necesita silencio, escucha y tiempo resulta casi revolucionario. Lo que más me ha impactado ha sido la idea de utilizar la IA no para sustituir el arte, sino para apoyarlo y ampliar su capacidad expresiva. Es una perspectiva que devuelve valor al ser humano y al proceso creativo como un espacio de crecimiento, y no solo de producción. Gracias por compartir una reflexión tan profunda y necesaria.